Agencias/SUN/Guadalajara

Murió Fernando González Gortázar, el arquitecto que disfrutó la vida. Nació en la Ciudad de México el 19 de octubre de 1942, sin embargo, se sentía más un hombre de Guadalajara, donde se encuentra la mayoría de su producción artística.

En la década de sus 70 años, dijo en una entrevista de 2012 que en esa etapa de su vida se sentía más libre y feliz que nunca antes.

«Nunca he tenido un enorme apego a la vida, quizá por eso me he empeñado en hacer tantas cosas, quizá por ello me he empeñado en vivir a fondo cada momento y con toda intensidad (…). Sigo viendo, e incluso con mayor vehemencia, la vida como una aventura, como un riesgo que hay que correr. Soy un viajero empedernido», declaró en aquella ocasión.

En su infancia, González se mudó con su familia a Guadalajara, pues su padre Jesús González Gallo, quien ya había sido secretario del presidente Manuel Ávila Camacho, fue electo gobernador.

Estudió en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara. Ahí también estudió la maestría de Teoría del Diseño. También estudió Estética y Sociología del Arte en el Institut d’Art et d’Archéologie y el College de France, en Francia.

Entre las obras más destacadas de González Gortázar están La gran puerta (1969), la Fuente de la Hermana agua (1970), Plaza Fuente (1973), Fuente del Federalismo (1975) y El Triunfo de la Tierra (2002).

Para Fernando, la arquitectura no era su único interés, pues también se desempeñó como escultor. En una entrevista, González explicó que no separaba la arquitectura de la escultura, que no concibe la estética sin ética y la arquitectura sin naturaleza ni la jardinería sin música: «No sé de qué manera, pero no me cabe duda de que José Alfredo Jiménez y el Trío Calaveras están en mi trabajo», dijo en 2012.

Luis Barragán fue una de las influencias más relevantes en su labor como arquitecto, pues contó que él creció en una casa construida por el premio Pritzker, lo que consideró como el detonante de su vocación. Aunque esa influencia no sólo tuvo impacto en él, pues dijo que sus hermanos también se dedicaron a la arquitectura. El creativo bromeó con haber sido «poco original» a la hora de elegir su profesión.

González Gortázar decía que el trabajo del arquitecto era «una pesadilla» y «frecuentemente una experiencia humillante». Por esta razón consideraba que trabajar como arquitecto era una profesión muy distinta a la de ser un buen arquitecto.

«Quienes trabajamos por vocación y convicción trabajamos con el arte urbano tenemos inevitablemente que tratar con el poder público, y cuando, como es mi caso, se es crítico del poder público, se mantiene su posición independiente y el derecho a disentir… pues cada que uno abre la boca, aleja las posibilidades de trabajo», dijo en 2012.

Por defender su derecho a disentir, el arquitecto explicó que estaba acostumbrado a «reacciones furiosas en contra de mi obra», sin embargo, en aquella entrevista dijo sentirse cansado de «ser golpeado de manera injusta», pues desde hacía 25 años no construía en Guadalajara.

González Gortázar creía que a través de la arquitectura se podría demostrar el amor al prójimo -sin connotación religiosa-, por eso en 2021 le escandalizó la «apatía» de los capitalinos ante el traslado del Museo Dolores Olmedo, la modificación en el Jardín Botánico y la instalación de la réplica de «La joven de Amajac», que se colocará en la Glorieta de las Mujeres que luchan (antes Glorieta de Colón):

«Es verdaderamente escandalosa la apatía que se ha apoderado de los ciudadanos de la capital. Puede suceder lo que sea y nadie abre la boca, nadie dice una palabra, nadie apoya, nadie contradice. Es un distanciamiento total del ciudadano con respecto a la ciudad. Es decir, la ciudad ha dejado de ser un motivo de interés para sus habitantes, y eso se debe en grandísima medida al patrimonialismo con el que se gobierna, o sea, ni tú ni yo ni el vecino nos sentimos dueños de la ciudad», dijo el arquitecto a Adriana Malvido.

El arquitecto Fernando González Gortázar fue premio Nacional de Ciencias y Artes, en el área de Bellas Artes (2012). También recibió la Medalla de Bellas Artes del INBA (2014) y el Gran Premio Henry Moore en Japón (1989).

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