EDITORIAL VALLARTA OPINA

Durante el fin de semana nos encontramos la noticia de que el gobierno de la Ciudad de México anunció, dos meses después del derrumbe de la Línea 12 del Metro capitalino, que dará apoyos adicionales de un millón de pesos a las familias de las 26 víctimas mortales del accidente.

Sorprende la “generosidad” del gobierno capitalino con las víctimas de tan lamentable accidente que, según nos dijeron hace unos días, se debió a una falla estructural provocada por vicios ocultos en la construcción de la obra.

“Vamos a entregar un millón de pesos a los 26 núcleos de familia que resintieron lamentablemente la pérdida de un familiar”, declaró Armando Ocampo, quien dirige el Comisionado Ejecutivo de Atención a Víctimas de la capital.

Según dijo, las 26 familias ya han recibido o están por recibir 870 mil pesos de la póliza de seguro del Metro y 50 mil pesos del gobierno capitalino como apoyo alimenticio a quienes perdieron a un familiar en el accidente.

La pregunta es ¿quién pone valor a cada vida perdida en el percance que enlutó a las 26 familias? ¿Es mucho dinero, es poco o es suficiente? ¿Tiene valor la vida humana? Especialmente la pregunta surge cuando se pierde de esta manera, en un accidente en el que todo parece indicar que hubo negligencia por parte de los constructores, el cálculo y uso de materiales. Es quizá, algo que lamentablemente no es nuevo en México, en donde abundan las obras mal hechas, realizadas al vapor o con materiales más baratos para quedarse con parte de los recursos económicos asignados a la obra.

Armando Ocampo también dijo que sumado al millón que se entregará “en el transcurso de la semana”, las familias habrán recibido un total de 1.92 millones de pesos de indemnización.

Aunado a esta tragedia que enfrentan las familias de las víctimas del accidente de la Línea 12 del Metro capitalino, también está el dolor de 82 familias de personas heridas en el accidente, quienes igualmente han recibido una indemnización.

El sábado se cumplió el segundo mes de la tragedia ocurrida el 3 de mayo, cuando murieron 26 personas y un centenar resultaron heridas al derrumbarse un puente elevado de la Línea 12 en el sureste de la capital, provocando la caída de un tren con pasajeros.

La empresa noruega DNV presentó el mes pasado un informe preliminar sobre las causas del accidente en el que apuntó a “fallas estructurales” relacionadas con la construcción de la línea en 2012.

El Colegio de Ingenieros de México publicó otro análisis, según el cual un tercio del tramo elevado de la línea tiene fallas como grietas o separación insuficiente entre vigas.
Así o más claro. Muchas de las obras en México se hacen al ahí se va, con vicios, con irregularidades, con materiales de baja calidad y hasta con corrupción incluida entre amigos y con ganancias extras para otros beneficiados.

Como siempre en México se reconocen errores y se ofrecen disculpas, pero no pasa nada más. Quienes pierden son las familias de quienes murieron o resultaron heridos. Las indemnizaciones, que por cierto se anuncian con bombo y platillo, no son más que un paliativo para el gran dolor que provocan en los afectados este tipo de obras mal hechas. Hasta cuándo seguiremos sufriendo los mexicanos este tipo de cosas que lo mismo se presentan a nivel federal, estatal y municipal.

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