OPINIÓN

Por Jorge Berry (*) – m.jorge.berry@gmail.com

Las noticias recientes proyectan un creciente optimismo, ante los números positivos que se registraron durante el fin de año, sobre todo en el sector turístico. Es cierto que los hoteles y restaurantes de nuestra zona tuvieron alta ocupación y consumo. Pero si algo nos han enseñado estos pasados dos años, es que hay que ser cautelosos.

Da la impresión de que en México no se está tomando muy en serio el “omicrón”, la más reciente variante del COVID-19. Replicando la misma política de la negación que nos llevó al desastre original, y que causó cientos de miles de muertes, el charlatán de Hugo López-Gatell, subsecretario de salud, y autor de crisis, ya está balbuceando que no hay que vacunar a los niños, cuando ellos son los primeros afectados por la nueva cepa. El presidente López Obrador, tampoco le da importancia, y continúa con sus actividades normales, que invariablemente incluyen reuniones masivas de personas, que rara vez portan cubrebocas. Como siempre, México está solo, como avestruz, que no quiere mirar la realidad.

El resto de la comunidad internacional, la que sí se guía por investigación científica, (donde por supuesto, no incluyo a Estados Unidos, que es tan retrógrada e ignorante como nosotros) ya está tomando medidas que acabarán impactando nuestro pedazo de paraíso.

Por lo pronto, el gobierno de Canadá ya anunció una suspensión de tres meses en sus vuelos a México y el Caribe, comenzando el 31 de enero, y que durará hasta el 30 de abril. Canadá ha sido especialmente estricto con sus medidas preventivas. A una buena parte de la nutrida comunidad canadiense que vive en nuestra zona no le gustan esas políticas, pero Monsieur Trudeau ha sido inflexible.

En cualquier caso, el flujo turístico de canadienses se verá necesariamente reducido. Preocupante también resultó una nota difundida por la cadena de televisión NBC en Estados Unidos, donde alerta de un incremento de contagios en los destinos de playa mexicanos. Puesto que las cifras oficiales son absolutamente arbitrarias, es difícil coincidir o desmentir esa información. Dentro de lo negativo de nota, hay que resaltar que menciona a Cancún y la zona caribeña mexicana, Baja California Sur, con La Paz y Los Cabos, pero no señala a la Riviera Nayarit ni a Puerto Vallarta como zonas de contagio.

Total, que hay que estar listos para todo, incluida la posibilidad de que la temporada alta no sea tan buena como lo esperado.

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Murcia, capital de la provincia española del mismo nombre, es una pequeña ciudad, con poco menos de medio millón de habitantes, ubicada en el sureste del país. La vida de mi prima, Lorena Hidalgo, la llevó a casar con un murciano (con arranques de marciano) de nombre Felipe (Feli pa’ los cuates) que se ha enamorado de Vallarta y la Riviera Nayarit. Este fue el segundo año consecutivo que Felipe pasa las fiestas de fin de año por acá, acompañando a su esposa, a su suegra y a su cuñada, y ni así quiere regresar a Murcia.

Felipe, dueño de una escuela de idiomas en Murcia, está explorando varias posibilidades que le permitan expandirse para acá, porque le parece que no hay mejor lugar en el mundo.

Mi sobrina, por su parte, una joven de 27 años que vive en Nuevo Vallarta, conoció a Ben, un británico hijo de Lord Algo (me dijo, pero se me olvidó el nombre) y empezó a salir con él. Dice Ben que encontró aquí su paraíso, y, con todo e ínfulas de realeza, nadie lo saca de aquí. También explora posibilidades de negocios.

Hay miles de historias similares. Los canadienses que están seis meses aquí, y seis meses allá. La nutrida colonia estadunidense, ya establecida permanentemente en nuestra zona. Los chilangos ilustrados, como yo y muchos más, que tomaron la decisión de abandonar la ansiedad y la velocidad permanente de la CDMX, para mejorar infinitamente nuestra calidad de vida. Los que se cansaron ya de Guadalajara, y prefirieron el ritmo semilento y sabroso de las cosas aquí.

Así nos gusta, así lo queremos. Sin sobresaltos, ni gritos ni sombrerazos. La llegada de Morena al poder amenaza esa paz. Son truculentos y peleoneros por naturaleza. Quieren cambiar las cosas a machetazo limpio, no siguiendo alguna estrategia o plan, sino nada más porque pueden, o eso creen. El absurdo anuncio del gobernador de Nayarit de que ahora Nuevo Vallarta se llamará Nuevo Nayarit es un claro ejemplo de lo anterior. Antes, ya trataron de desaparecer Riviera Nayarit. Supongo que encuentran ofensivo que ese concepto fue concebido por mentes neoliberales.

Están jugando con fuego.

Nos leemos el lunes, amigos de Vallarta y Bahía.

(*) Periodista, comunicador y líder de opinión con casi 50 años de experiencia profesional.

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